Cántalo

Si no sabes cómo decirlo, ¡cántalo!   

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Antes de que alguien me tire piedras por la cuestionable portada que he “hecho” para este blog, quiero excusarme diciendo que no controlo ni de diseño, ni de pintura, ni de ilustración. Y tampoco vengo a hablar de ninguno de estos campos, sino de lenguaje. Y en este caso, de un lenguaje universal muy especial. 
 

Y es que, si hablamos de lenguajes universales, probablemente a la mayoría se le venga a la cabeza el inglés (ese idioma que se supone todos debemos saber para comunicarnos con gente de aquí, de allá y del otro lado). Otros, un poco más frikis, quizá tengan la desfachatez de decir el esperanto. Pero la realidad es que existe otro lenguaje universal que suele pasar desapercibido a ojos (y oídos) de la gente; un lenguaje que no requiere de ningún tipo de aprendizaje para entenderlo: la música. 
 

Porque la magia de la música es esa: que no importa que no seas un melómano empedernido, hayas tocado cinco años en el conservatorio, tengas oído absoluto o te sepas toda la discografía de Queen con las caras B incluidas; la música llega y emociona a todos por igual. Y en este nuestro mundo de la publicidad, su poder no iba a ser menos. 
 

La utilización de la música en la publicidad ya lleva años a nuestro lado, y se ha vestido de mil y un formatos diferentes. Pero, probablemente, el formato publicitario-musical más relevante de todos los tiempos sea el jingle (sí, esas cancioncillas creadas específicamente para un anuncio, que se te incrustan en el cerebelo durante semanas, meses o incluso años). Un formato que cumple su 100 aniversario este año, ya que apareció por primera vez en forma de anuncio para la marca de cereales Wheaties en 1926 (dato que, obviamente, he tenido que buscar en internet). Y, a partir de entonces, los jingles nunca han parado de sonar. Ni en la publicidad internacional, ni en la de nuestro país. 

Porque, ¿quién no recuerda ese “Yo te doy cremita, tú me das cremita” que aún se sigue cantando en muchas playas españolas? ¿O el “Amo a Lauraaaaaaa” (importante remarcar la cantidad de “as” en Laura)? ¿O “Mi padre es un elfo”? La publicidad española está repleta de casos de campañas con canciones que ya forman parte del imaginario colectivo como si de una canción de Alaska se tratase (igual esto es exagerar un poco, pero “¿y a quién le importa lo que yo diga?”). 

Y da igual el tiempo que pase, las modas, las tendencias o los bailes de TikTok que surjan nuevos: la música y los jingles siempre estarán ahí. Actualizados, renovados, más reggaetoneros o menos. Pero siempre están ahí.  

Porque la música emociona. Hace reír. O hace llorar. O cantar. Pero siempre provoca algo en la gente. Y eso es aún más relevante considerando que estamos en un sector que, en algunas ocasiones, parece haberse olvidado del lado sentimental y visceral de las ideas. 

Porque el poder de la música siempre está ahí para ayudarnos a transmitir sentimientos e ideas. Y es un recurso del que, quizá, deberíamos tirar más en los tiempos en que vivimos. 
 

Y bueno, para que veáis que no solo de ejemplos clásicos de jingles se vive, os dejo por aquí también dos ejemplos de campañas más modernas con cancioncicas bastante molonas (y si le preguntáis a mi dupla, Carmen, por la primera, os dirá probablemente que es su campaña favorita): 

Para finalizar, y como bien decía mi antiguo director creativo, el gran Chiqui Palomares, solo me queda deciros una cosa: si la próxima vez que penséis una idea para una campaña no sabéis cómo contarla, ¡cantadla! Aunque si me preguntáis a mí os diría que, a pesar de que tengáis una manera de decirla… ¡cantadla igual! Que seguro que mola aún más. 

Por Borja Castrejana Junior Copywriter.

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