Todos conocemos lo que es un doble: alguien o algo que imita a otro, pero que siempre se queda en el intento. Sé que esto puede llevar a abrir un debate y muchas opiniones en contra (y me encanta), pero, siento decir, que yo veo la publicidad como el doble del arte, aunque esto no me deje en buen lugar ya que soy eso que llaman directora de arte y creativa.
Pensaréis que es un punto de vista pesimista el de ver la publicidad como el doble del arte y, en parte, un poco sí.
Es intentar jugar a hacer arte, pero para vender algo, no para expresar sentimientos ni visiones, aunque la primera regla de publicidad es vender experiencias y no producto (luego siempre está el cliente que te dice: “¡¡¡MÁS PRODUCTO!!! QUE SE VEA BIEN EL CACHIVACHE 3000 ULTRA PLIS PLAS PLUS MAX”).
El arte siempre intenta hacerte sentir algo, algunas veces de un forma más realista, otras costumbrista, otras abstracta, otras contemporánea, otras impresionista, otras en movimiento. ¿Qué pasa? Que todos esos momentos y representaciones nos han servido a lo largo del tiempo como una biblioteca para observar cómo era, cómo se veía y se sentía todo en cualquier momento. Y lo hacían de una forma única y original, la gran mayoría de las veces era para enseñarnos lo que ellos percibían y sentían. Pero, a lo largo del tiempo (no me voy a poner a explicarlo todo porque si no esto sería una clase de historia del arte y del diseño, política, económica, etc. y no es plan), esto cambió y se decidió crear una nueva corriente artística llamada publicidad*.
*El arte de venderte algo, estudiando y analizando el mundo de forma que consigue generarte una necesidad por el mensaje y la dirección de arte, la cual han escogido cuatro personas para que tú digas: “¡Buah! Me he comido una publi y ni me he enterado”, y que eso haga que te replantees tus gustos.
Y dirás (o no), ¿por qué te dedicas a la publicidad si lo ves de esa manera?
Porque tengo que admitir que me parece fascinante cómo un solo producto puede llegar a tener tantos tipos de recorridos, y cómo puede llegar a convertirse en un personaje de ficción con mil vidas que se pueden estirar hasta el infinito y más allá. Y cómo ese producto pasa por cientos de cabezas a lo largo del tiempo que le alargan la vida.
Donde realmente veo el arte en la publicidad es en esas personas que crean vidas, no en lo que realmente sale posteriormente para que la gente lo compre (aunque nuestra labor final sea vender).
Y si has llegado hasta aquí, enhorabuena, espero que ahora no odies la publicidad, pero sí que te haya hecho verla de otra forma. O puede que no, y pienses que solo he dicho algo que se me ha ocurrido al azar. Y sería lícito, pero, como opiniones hay tantas como colores, pues la mía es rojo, o rosa, depende del día.
Así es el arte.
Por Carmen Carbonero, Junior Art Director.


